PARÍS ERA UNA FIESTA

“Si uno vive en París y no come lo suficiente, les aseguro que el hambre pega fuerte, ya que todas las panaderías presentan cosas tan buenas en los escaparates, y la gente come al aire libre, en mesas puestas en la acera frente a los restaurants, y uno ve y huele la buena comida. Y si uno había renunciado al periodismo, y estaba escribiendo cosas por las que nadie en América daba un real, y si al salir de casa uno decía que le habían invitado a comer pero no era verdad, el mejor sitio para matar las horas de la comida era el jardín de Luxemburgo, porque no veías ni olías nada de comer en todo el trayecto desde la place de l´Observatoire hasta la rue de Vaugirard. Y siempre podía uno entrar en el museo de Luxemburgo, y los cuadros se afilaban y aclaraban y se volvían más hermosos cuando los mirabas con el vientre vacío y con la ligereza que da el hambre. Teniendo hambre, llegué a entender mucho mejor a Cézanne y su modo de componer paisajes. Muchas veces me pregunté si él tendría también hambre cuando pintaba, pero me dije que si la tenía era seguramente porque se le había olvidado la hora de la comida. Una de esas ideas indocumentadas pero sugestivas que a uno se le ocurren cuando tiene sueño o hambre. Más tarde, pensé que Cézanne debía de estar hambriento, pero de otra clase de hambre.”

PARÍS ERA UNA FIESTA
– Ernest Hemingway

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