LA CAMPANA DE CRISTAL

“Había descubierto, después de dejar atrás grandes recelos respecto de qué cucharas utilizar, que si uno hace algo incorrecto en la mesa con cierta arrogancia, como si supiera perfectamente que está haciendo lo que corresponde, puede salir del paso y nadie pensará que es grosero o que ha recibido una pobre educación. Pensarán que uno es original y muy ocurrente.
Aprendí este truco el día en que Jota Ce me llevó a almorzar con un famoso poeta. Él vestía una horrible, mugrienta, arrugada chaqueta de tweed pardo y pantalones grises y un jersey de cuello abierto, a cuadros rojos y azules en un restaurante muy formal lleno de fuentes y candelabros, donde todos los demás hombres llevaban trajes oscuros e inmaculadas camisas blancas.
Este poeta comió la ensalada con los dedos, hoja por hoja, mientras me hablaba de la antítesis entre la naturaleza y el arte. Yo no lograba apartar mis ojos de los dedos pálidos, regordetes, que iban y venían de la ensaladera del poeta a la boca del poeta con una chorreante hoja de lechuga en cada viaje. Nadie rió entre dientes ni hizo comentarios descorteses en voz baja. El poeta hacía que el comer ensalada con los dedos pareciera la única cosa natural y sensata que cabía hacer.”

LA CAMPANA DE CRISTAL
– Sylvia Plath

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