HÍGADO DE OSO POLAR

“Los animales cazan por instinto, pero su instinto les conduce a que persigan un determinado tipo de presa. Al abandonar sus antiguas costumbres recolectoras para pasar a una dieta cinegética, el hombre había traspasado el umbral del instinto, y necesitaba ahora calcular todas las circunstancias por su cuenta. De esta forma, el cambio de dieta le obligaba a desarrollar su cerebro, y a demostrar una mayor inteligencia para enfrentarse a los nuevos problemas que se le planteaban.
La vida se convirtió de repente en una continua serie de pruebas y tanteos. Cómo pudo evitar el hombre su extinción durante este proceso de experimentación dietética es algo que no conoceremos nunca. La despensa de la naturaleza está llena de exquisiteces venenosas que el hombre tuvo que aprender a reconocer, como por ejemplo, el hígado de oso polar.”

COMIDA Y CIVILIZACIÓN
–Carson I. A. Ritchie

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