UNA VEZ BASTA

“Estaba encargando por teléfono carne de venado a una granja de carne biológica. Como era mi primer encargo, pregunté qué otros productos tenían. La voz femenina enumeró una lista que terminaba en “ardilla”. Esto me despertó cierto interés. Yo andaba buscando algún método de vengarme desde que esas sabandijas se comieron todos los retoños de una camelia en mi jardín. La carne de la alimaña parecía notablemente barata (como tenía que ser) y me aconsejaron que era preferible una cocción larga y lenta. Después me preguntaron si quería el bicho descuartizado.
– ¿Cuál es la ventaja? -pregunté.
-Bueno -me respondieron-, si no está descuartizado se parece mucho a una ardilla.
Lo encargué despedazado.
Un par de días más tarde llegó la caja de espuma de polietileno y escarbé por debajo del venado en busca del amuse-gueule de cola tupida. Abrí el paquete de plástico. Uy, uy. Se habían olvidado de cortarla en pedazos y parecía… sí, igual que una ardilla desnuda, muerta y desollada. Intenté hablarle con rudeza -“No eres más que una rata con buena imagen pública”, cosas así-, pero eso no la hizo más apetecible. Al final se la regalé a un estudiante pobre con aficiones de silvicultor. Y nunca he vuelto a encargar otra.
Hay cosas que, por mucho que uno se empeñe, no es capaz de comer ni de guisar; o bien de volver a hacerlo, si lo ha hecho alguna vez.”

EL PERFECCIONISTA EN LA COCINA
– Julian Barnes

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