FIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATES

1) Hacer una corona con la harina sobre la mesada. En el centro colocar los dos huevos con la sal. (Se calcula 1 huevo y 100 g de harina por comensal).
2) Unir la masa y amasar por 5 a 10 minutos.
3) Dejar reposar la masa en la mesada cubierta con film por una hora aproximadamente para que se relaje.
4) Mientras tanto, pelar los tomates perita haciendo una cruz superficial en la punta de abajo. Sumergirlos en abundante agua hirviendo por 30 segundos, retirarlos y pasarlos a un bowl con agua y hielo para detener la cocción. Quitarles la piel uno por uno.
5) Cortar los tomates en cuartos, quitarles las semillas del centro y cortar en cubitos de 0.5 x 0.5 cm. Aplastar los ajos y reservar.
6) Estirar la masa de pastas y dividir en 4 pedazos. Arrollar cada uno y cortar los fideos del tamaño deseado. Dejar orear sobre la mesada separados con harina o semolín por unos minutos.
7) Poner una olla a hervir con abundante agua y sal para las pastas.
8) Para la salsa, poner la manteca en una sartén con los ajos aplastados y el tomillo. Agregar los tomates en cubitos y cocinar por pocos minutos a fuego bajo. Condimentar con sal y pimienta.
9) Cocinar las pastas hasta que estén al dente, colocar adentro de la salsa y servir con queso rallado, albahaca o perejil.


Para 2 porciones:
Fideos:
Harina   200 g
Huevos   2 unidades
Sal   1/2 cdta
Salsa:
Manteca   100 g
Tomates perita   1 kg
Ajo   2 dientes
Tomillo   1 brizna
Sal y Pimienta
Albahaca o perejil

FIDEOS CASEROS CON SALSA DE ximena_saenz_250.jpgFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATESFIDEOS CASEROS CON SALSA DE TOMATES

“(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)”

ÁLVARO DE CAMPOS (FERNANDO PESSOA)
– Tabaquería

“A principios de 1900 a la gente le irritaba tener que cortar su propio pan. Otto Frederick Rohwedder pasó dieciséis años de su vida e invirtió toda su plata para inventar una máquina automática que cortara el pan. Otto terminó en la ruina, no había entusiasmo en la industria para comprar la máquina. Sin embargo, treinta años después otra empresa, Continental, adoptó la máquina y la llamó Wonder Bread. En ese año, el ochenta por ciento del pan que se vendió estaba precortado. Otto decía que no era el dinero lo que lo estimulaba a crear algo nuevo sino el solo hecho de tener que cortarse su propio pan.
Muchas veces, las ideas crecen a partir de cosas que nos irritan.”

ÁGILMENTE
-Estanislao Bachrach

ÑOQUIS DE SÉMOLA

1) Hervir la leche con la manteca, sal, pimienta, tomillo deshojado y nuez moscada.
2) Agregar la sémola en forma de lluvia. Cocinar hasta que espese. Dejar entibiar e incorporar las yemas y el queso rallado.
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“Estaba encargando por teléfono carne de venado a una granja de carne biológica. Como era mi primer encargo, pregunté qué otros productos tenían. La voz femenina enumeró una lista que terminaba en “ardilla”. Esto me despertó cierto interés. Yo andaba buscando algún método de vengarme desde que esas sabandijas se comieron todos los retoños de una camelia en mi jardín. La carne de la alimaña parecía notablemente barata (como tenía que ser) y me aconsejaron que era preferible una cocción larga y lenta. Después me preguntaron si quería el bicho descuartizado.
– ¿Cuál es la ventaja? -pregunté.
-Bueno -me respondieron-, si no está descuartizado se parece mucho a una ardilla.
Lo encargué despedazado.
Un par de días más tarde llegó la caja de espuma de polietileno y escarbé por debajo del venado en busca del amuse-gueule de cola tupida. Abrí el paquete de plástico. Uy, uy. Se habían olvidado de cortarla en pedazos y parecía… sí, igual que una ardilla desnuda, muerta y desollada. Intenté hablarle con rudeza -“No eres más que una rata con buena imagen pública”, cosas así-, pero eso no la hizo más apetecible. Al final se la regalé a un estudiante pobre con aficiones de silvicultor. Y nunca he vuelto a encargar otra.
Hay cosas que, por mucho que uno se empeñe, no es capaz de comer ni de guisar; o bien de volver a hacerlo, si lo ha hecho alguna vez.”

EL PERFECCIONISTA EN LA COCINA
– Julian Barnes

ximena_saenz_226
1) Precalentar el horno a temperatura media. Enmantecar un molde de 26 cm de diámetro.
2) Batir la manteca pomada con el azúcar hasta que se forme una crema suave y blanquecina. Agregar la esencia de vainilla y batir por un minuto más.
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“Los animales cazan por instinto, pero su instinto les conduce a que persigan un determinado tipo de presa. Al abandonar sus antiguas costumbres recolectoras para pasar a una dieta cinegética, el hombre había traspasado el umbral del instinto, y necesitaba ahora calcular todas las circunstancias por su cuenta. De esta forma, el cambio de dieta le obligaba a desarrollar su cerebro, y a demostrar una mayor inteligencia para enfrentarse a los nuevos problemas que se le planteaban.
La vida se convirtió de repente en una continua serie de pruebas y tanteos. Cómo pudo evitar el hombre su extinción durante este proceso de experimentación dietética es algo que no conoceremos nunca. La despensa de la naturaleza está llena de exquisiteces venenosas que el hombre tuvo que aprender a reconocer, como por ejemplo, el hígado de oso polar.”

COMIDA Y CIVILIZACIÓN
–Carson I. A. Ritchie

“… Y se acordó del marido. Sólo recordaba a su marido en mangas de camisa. Pero no podía ser, estaba segura de que iba a la repartición siempre de uniforme, a las fiestas con saco y corbata, por no mencionar que no podría haber ido al entierro del hijo y de la hija en mangas de camisa. La búsqueda del saco del marido cansó todavía más a la vieja, que daba vueltas suavemente en la cama. De repente descubrió que la cama era dura.
Qué cama dura – dijo bien alto en mitad de la noche. Se había sensibilizado toda. Partes del cuerpo de las que hacía mucho no tenía conciencia reclamaban ahora su atención. Y de golpe – pero qué hambre terrible!.”

EL GRAN PASEO
– Clarice Lispector